Estamos en la era de las nuevas tecnologías, de los nuevos medios de comunicación, en la época de crear empresas sobre frases bonitas llenas de mensajes, llenas de contenido y dichas por personas ilustres muchas de las cuales lo dijeron cuando la tecnología que existía era la palabra y el canal de comunicación la mirada.

El ser humano tiene la ventaja de saber más de su propia inteligencia que otros seres pero tiene el inconveniente de no controlar su mesura y esto posee una doble consecuencia; por un lado desaprovechar las facilidades que la tecnología nos va dando día a día para conocernos mejor y por otro, priorizar el interés de la investigación en nuevas tecnologías frente a nuestro propio autoconocimiento.

No reivindico lo caduco, lo obsoleto o lo antiguo. Reclamo la importancia que se merece lo auténtico, lo original y lo exclusivo del ser humano. Lo más cerca que la tecnología ha llegado a estar de la genialidad de un ser humano es la inteligencia artificial y eso es bastante cerca porque basándose en patrones y modelos humanos pero con objetos cuasi perfectos, coquetean con una de nuestras cualidades estrellas, la inteligencia. Estamos en la tercera fase: el ser humano es inteligente, los animales son inteligentes y por último, las máquinas son inteligentes…pero son artificialmente inteligentes, dejémoslo ahí.

Pero me agarro a los sentimientos, a las emociones a ese exclusivo don que los seres humanos tenemos de sentir y emocionarnos. Eso es lo que nos hace únicos e irrepetibles. Es lo que nos hace interesantes y necesarios. Si descubrimos nuestra fórmula secreta y la compartimos con otros colegas artificialmente inteligentes, estaremos perdiendo nuestra independencia, nuestra originalidad y nuestra garantía de vida.

Trabajar las emociones, canalizando las energías que fluyen de nuestros sentimientos y poniéndolas al servicio de nuestra felicidad y de nuestra inteligencia será la clave que nos facilite llegar de manera más eficiente a nuestros objetivos y nuestras metas cotidianas.

Avanzar permanentemente en la investigación tecnológica es el valor añadido del ser humano a la vida pero no descuidemos gestionar nuestras emociones que hoy por hoy, es nuestra exclusividad, nuestro salvoconducto sin fecha de caducidad. Si conseguimos que nuestro conocimiento de la felicidad avance a la misma velocidad que la ciencia, no perderemos nunca nuestra esencia y conseguiremos sacar el máximo provecho a todo lo bueno que aún queda por descubrir.

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